
Antaño, la Cofradía representaba en la calle un gran “auto de fe" que se componía de diversas escenas como lo eran: “El Sermón de la Sentencia” proclamado por un religioso antes de la salida penitencial; la representación de las “Cajas", que consistía en que varios penitentes provistos de trompetas y tambores, recorrían las calles durante la madrugada del Viernes Santo, en las horas previas a la salida penitencial, para mantener a la población en vela en la noche de pasión; “Las caídas de Jesús en el camino del Calvario", que se representaban mediante la inclinación de la parte delantera del paso, por tres veces, a lo largo del recorrido; y el Encuentro de Jesús con su Madre en la Vía-Dolorosa, que se llevaba a cabo en la Plaza del Ayuntamiento, y donde a la vez se celebraba el Sermón, conocido popularmente como “de la plaza”. Actualmente sólo se conservan estos dos últimos actos, "el encuentro" y "el sermón".
Pero, atendiendo a la línea general que ha de guiar esta reseña, comencemos por enunciar, en un principio de manera separada, hasta llegar a su unión, un breve resumen histórico de las hermandades que hicieron posible la nuestra.
La antigua Hermandad, del Dulce Nombre de Jesús, fue fundada entre los años 1571 a 1580 por el Arzobispo D. Cristóbal de Rojas y Sandoval. La razón de no conocer con exactitud la erección canónica inicial de la misma se debe a la falta, por el momento, del hallazgo de ese documento, aunque se sabe del mismo mediante la atenta lectura de un testimonio fechado el 2 de diciembre de 1783, otorgado por el escribano de Escacena del Campo, Don Francisco Martínez y Salazar, en el cual, al reproducir las reglas aprobadas a la hermandad en el año de 1629 por el Arzobispo D. Diego de Guzmán, se hace referencia a la erección de la misma por el antedicho Arzobispo De Rojas y Sandoval, cuando lo fue de Sevilla y, al hallarse el mismo en posesión de su cargo entre los años de 1571 a 1781, es del todo probable que fuese en ese intervalo de tiempo cuando se erigiese la hermandad. La misma quedó establecida desde sus orígenes en la Iglesia del Sr. San Salvador de esta villa de Escacena del Campo.
Algunos años después, en 1.637, se funda la Cofradía de Jesús Nazareno y de la Virgen María del Monte Carmelo, la cual se establece en el Convento de Padres Carmelitas de la Primitiva Observancia de esta villa, bajo licencia del Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Gaspar de Borja y Velasco. Sin embargo y a pesar de haberse tenido la oportunidad de refutar verbalmente el acontecimiento que nos ocupa con historiadores de la Orden del Carmen, aun no se halla en poder de la Hermandad al menos una copia del documento original de la erección, aunque es indudable la certeza documental de los archivos carmelitanos.
Aquellos primeros cofrades de esta Hermandad, impregnados de la espiritualidad de los religiosos del Carmen, juntaron el título de la Virgen del Monte Carmelo al de Jesús Nazareno para ganar las gracias y favores del Santo Escapulario Carmelitano y perpetuar así, la obra apostólica de estos religiosos en nuestro pueblo.
El Padre Juan de las Ruelas, a la sazón Prior del Convento de Nuestra Señora de Luna, que así se llamó el referido anteriormente, en su libro "Hermosura corporal de la Madre de Dios", Sevilla de 1.621 y del cual se conserva una copia en la Biblioteca Colombina de Sevilla, decía que el primitivo Convento de Carmelitas de Escacena, fundado en 1.416, en la Ermita de Ntra. Sra. de Luna, que se hallaba en el lugar denominado "Prado de Luna", estaba separado del pueblo por la misma distancia que mediaba entre la Casa de Pilatos y el Gólgota. Ante el conocimiento de este hecho, los frailes Carmelitas instauraron lo que luego llegó a ser una piadosa tradición, "El camino de la cruz”, que cobró gran fuerza devocional entre los vecinos, siendo mucha la gente de toda la comarca que con fervor y sentimiento religioso, andaba esta senda, del pueblo al convento, todos los viernes del año y principalmente los de Cuaresma.
La existencia de este "Vía Crucis", es un hecho, que sin duda alguna, fue una de las causas que propició la creación de la Hermandad, sobre todo al observar que la erección de la misma ocurre dos años antes del traslado definitivo de los frailes al nuevo Convento y Santuario del pueblo, que estuvo ubicado en la calle Manzanilla, donde a buen seguro, quedó establecida la Cofradía desde su inicio, siendo en el año de 1.639 cuando los religiosos del Carmen se establecen definitivamente en su nuevo hogar, como lo demuestra el hecho de que las obras se concluyeron el 31 de Julio de ese mismo año, siendo Prior el R.P. Fray Jacinto del Castillo, quien bendijo la Iglesia dedicándola a la Virgen de Luna.
Pues teniendo en cuenta todo esto, lo cierto es que la creación de la Cofradía ocurre en la encrucijada histórica del traslado de los frailes al pueblo; quizás porque estos, conscientes de que al quedar deshabitado el primitivo convento y ermita, vendría a menos hasta desaparecer, el piadoso ejercicio de aquel Vía Crucis; y alertados por esta circunstancia, infundieron entre los más devotos la idea de la creación de una hermandad que en cierto modo perpetuase entre los fieles aquella devota y fervorosa tradición, y que tendría como fin primordial la contemplación del misterio pasional de "El camino de la cruz".
A mediados del siglo XVIII, cuando se propaga con especial auge la devoción a la Virgen de los Dolores, en gran parte impulsada por la rica doctrina espiritual de la Venerable Orden Tercera de Servitas, focalizada en la Iglesia de San Marcos de Sevilla y expandida también por la provincia de Huelva, ésta Hermandad se deja influir por la devoción popular de la época, quedando impregnada de este influjo y sumándose a dicha devoción con la adquisición de esta nueva y piadosa advocación mariana, sin que por ello se diese vinculación alguna con la mencionada Orden Servita. La cofradía entonces representaba bajo palio a una Imágen de María Santísima de los Dolores, cuyo autor se desconoce, desaparecida en los sucesos de la guerra civil y acompañada por una imagen de San Juan, que corrió la misma suerte y de la que tampoco se conoce su autoría.
Tras la exclaustración de los Carmelitas, acaecida a mediados del siglo XIX, la Hermandad tuvo que abandonar el Convento y establecerse en la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, sede que conserva hasta nuestros días, ocupando capilla en dicho templo, ubicada en la nave de la Epístola del mismo.
La Antigua y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Virgen María del Monte Carmelo, Dulce Nombre de Jesús y María Santísima de los Dolores, tal y como la conocemos en la actualidad, conforma el resultado histórico de la unión de dos hermandades que se fundaron casi en una misma época y que formaron hasta el año 1966 dos corporaciones totalmente independientes. El devenir de los acontecimientos históricos, dentro del seno de cada una de ellas, propiciaron la decisión de fusionarse en una sola, aunque manteniendo las señas de identidad que habían hecho posible el que, prácticamente cuatro siglos después de sus fundaciones, aun permanecieran existiendo y formando parte importante de la vida parroquial y social de Escacena del Campo. Las hermandades en una población pequeña, como es la nuestra, están tan íntimamente relacionadas con la vida espiritual e incluso cotidiana de toda la población, que se encuentran ligadas, sin solución, con el diario transcurrir y quehacer de los parroquianos. Y las hermandades que sirven de origen a la nuestra, son un claro ejemplo de ello; la devoción que se profesa a nuestros Titulares alcanza a constituir un foco de fervor al que acuden no tan solo los hermanos, sino mas bien podríamos afirmar sin temor a errar, toda la población, que siente, por la tradición religiosa recibida, por el entendimiento en Su contemplación o por razones que escapan de ser enumeradas, como, justo en el centro de una sociedad que aviva a sus miembros a la comodidad de una secularización de espaldas a la Fuente de nuestra existencia, sigue manteniéndose encendida la luz que crearon nuestros antepasados, en forma de hermandad, y que desde ella se continúa trabajando para que a través de la reflexión y el entendimiento de la Pasión de Cristo y los Dolores de su Santa Madre, alcancemos a formar parte de los nuevos cristianos de los que habla la nueva evangelización, preconizada por nuestra Santa Madre la Iglesia.
Pero, atendiendo a la línea general que ha de guiar esta reseña, comencemos por enunciar, en un principio de manera separada, hasta llegar a su unión, un breve resumen histórico de las hermandades que hicieron posible la nuestra.
La antigua Hermandad, del Dulce Nombre de Jesús, fue fundada entre los años 1571 a 1580 por el Arzobispo D. Cristóbal de Rojas y Sandoval. La razón de no conocer con exactitud la erección canónica inicial de la misma se debe a la falta, por el momento, del hallazgo de ese documento, aunque se sabe del mismo mediante la atenta lectura de un testimonio fechado el 2 de diciembre de 1783, otorgado por el escribano de Escacena del Campo, Don Francisco Martínez y Salazar, en el cual, al reproducir las reglas aprobadas a la hermandad en el año de 1629 por el Arzobispo D. Diego de Guzmán, se hace referencia a la erección de la misma por el antedicho Arzobispo De Rojas y Sandoval, cuando lo fue de Sevilla y, al hallarse el mismo en posesión de su cargo entre los años de 1571 a 1781, es del todo probable que fuese en ese intervalo de tiempo cuando se erigiese la hermandad. La misma quedó establecida desde sus orígenes en la Iglesia del Sr. San Salvador de esta villa de Escacena del Campo.
Algunos años después, en 1.637, se funda la Cofradía de Jesús Nazareno y de la Virgen María del Monte Carmelo, la cual se establece en el Convento de Padres Carmelitas de la Primitiva Observancia de esta villa, bajo licencia del Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Gaspar de Borja y Velasco. Sin embargo y a pesar de haberse tenido la oportunidad de refutar verbalmente el acontecimiento que nos ocupa con historiadores de la Orden del Carmen, aun no se halla en poder de la Hermandad al menos una copia del documento original de la erección, aunque es indudable la certeza documental de los archivos carmelitanos.
Aquellos primeros cofrades de esta Hermandad, impregnados de la espiritualidad de los religiosos del Carmen, juntaron el título de la Virgen del Monte Carmelo al de Jesús Nazareno para ganar las gracias y favores del Santo Escapulario Carmelitano y perpetuar así, la obra apostólica de estos religiosos en nuestro pueblo.
El Padre Juan de las Ruelas, a la sazón Prior del Convento de Nuestra Señora de Luna, que así se llamó el referido anteriormente, en su libro "Hermosura corporal de la Madre de Dios", Sevilla de 1.621 y del cual se conserva una copia en la Biblioteca Colombina de Sevilla, decía que el primitivo Convento de Carmelitas de Escacena, fundado en 1.416, en la Ermita de Ntra. Sra. de Luna, que se hallaba en el lugar denominado "Prado de Luna", estaba separado del pueblo por la misma distancia que mediaba entre la Casa de Pilatos y el Gólgota. Ante el conocimiento de este hecho, los frailes Carmelitas instauraron lo que luego llegó a ser una piadosa tradición, "El camino de la cruz”, que cobró gran fuerza devocional entre los vecinos, siendo mucha la gente de toda la comarca que con fervor y sentimiento religioso, andaba esta senda, del pueblo al convento, todos los viernes del año y principalmente los de Cuaresma.
La existencia de este "Vía Crucis", es un hecho, que sin duda alguna, fue una de las causas que propició la creación de la Hermandad, sobre todo al observar que la erección de la misma ocurre dos años antes del traslado definitivo de los frailes al nuevo Convento y Santuario del pueblo, que estuvo ubicado en la calle Manzanilla, donde a buen seguro, quedó establecida la Cofradía desde su inicio, siendo en el año de 1.639 cuando los religiosos del Carmen se establecen definitivamente en su nuevo hogar, como lo demuestra el hecho de que las obras se concluyeron el 31 de Julio de ese mismo año, siendo Prior el R.P. Fray Jacinto del Castillo, quien bendijo la Iglesia dedicándola a la Virgen de Luna.
Pues teniendo en cuenta todo esto, lo cierto es que la creación de la Cofradía ocurre en la encrucijada histórica del traslado de los frailes al pueblo; quizás porque estos, conscientes de que al quedar deshabitado el primitivo convento y ermita, vendría a menos hasta desaparecer, el piadoso ejercicio de aquel Vía Crucis; y alertados por esta circunstancia, infundieron entre los más devotos la idea de la creación de una hermandad que en cierto modo perpetuase entre los fieles aquella devota y fervorosa tradición, y que tendría como fin primordial la contemplación del misterio pasional de "El camino de la cruz".
A mediados del siglo XVIII, cuando se propaga con especial auge la devoción a la Virgen de los Dolores, en gran parte impulsada por la rica doctrina espiritual de la Venerable Orden Tercera de Servitas, focalizada en la Iglesia de San Marcos de Sevilla y expandida también por la provincia de Huelva, ésta Hermandad se deja influir por la devoción popular de la época, quedando impregnada de este influjo y sumándose a dicha devoción con la adquisición de esta nueva y piadosa advocación mariana, sin que por ello se diese vinculación alguna con la mencionada Orden Servita. La cofradía entonces representaba bajo palio a una Imágen de María Santísima de los Dolores, cuyo autor se desconoce, desaparecida en los sucesos de la guerra civil y acompañada por una imagen de San Juan, que corrió la misma suerte y de la que tampoco se conoce su autoría.
Tras la exclaustración de los Carmelitas, acaecida a mediados del siglo XIX, la Hermandad tuvo que abandonar el Convento y establecerse en la Iglesia Parroquial del Divino Salvador, sede que conserva hasta nuestros días, ocupando capilla en dicho templo, ubicada en la nave de la Epístola del mismo.
La Antigua y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Virgen María del Monte Carmelo, Dulce Nombre de Jesús y María Santísima de los Dolores, tal y como la conocemos en la actualidad, conforma el resultado histórico de la unión de dos hermandades que se fundaron casi en una misma época y que formaron hasta el año 1966 dos corporaciones totalmente independientes. El devenir de los acontecimientos históricos, dentro del seno de cada una de ellas, propiciaron la decisión de fusionarse en una sola, aunque manteniendo las señas de identidad que habían hecho posible el que, prácticamente cuatro siglos después de sus fundaciones, aun permanecieran existiendo y formando parte importante de la vida parroquial y social de Escacena del Campo. Las hermandades en una población pequeña, como es la nuestra, están tan íntimamente relacionadas con la vida espiritual e incluso cotidiana de toda la población, que se encuentran ligadas, sin solución, con el diario transcurrir y quehacer de los parroquianos. Y las hermandades que sirven de origen a la nuestra, son un claro ejemplo de ello; la devoción que se profesa a nuestros Titulares alcanza a constituir un foco de fervor al que acuden no tan solo los hermanos, sino mas bien podríamos afirmar sin temor a errar, toda la población, que siente, por la tradición religiosa recibida, por el entendimiento en Su contemplación o por razones que escapan de ser enumeradas, como, justo en el centro de una sociedad que aviva a sus miembros a la comodidad de una secularización de espaldas a la Fuente de nuestra existencia, sigue manteniéndose encendida la luz que crearon nuestros antepasados, en forma de hermandad, y que desde ella se continúa trabajando para que a través de la reflexión y el entendimiento de la Pasión de Cristo y los Dolores de su Santa Madre, alcancemos a formar parte de los nuevos cristianos de los que habla la nueva evangelización, preconizada por nuestra Santa Madre la Iglesia.

0 comentarios:
Publicar un comentario